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Casablanca, la cosmopolita

Casablanca es un enigma para los historiadores. Sin embargo, aunque sus orígenes sean inciertos, los barrios que la conforman y los monumentos que en ella se erigen nos dejan leer gran parte de su historia

En los alrededores del puerto, no dejes de visitar el bastión de La Sqala, un conjunto fortificado del siglo XVIII. En la actualidad es una cafetería-restaurante donde probar deliciosas especialidades locales. No muy lejos de allí, a pocos pasos del puerto, se encuentra la medina con sus callejuelas.

Reconstruida tras el terremoto de 1755, es la más reciente del país y también una de las más originales: tras sus murallas, la arquitectura arábigo-musulmana se mezcla con inspiraciones procedentes de Europa y, en mitad de este eclecticismo, los artesanos siguen con sus faenas, animando el barrio.

En el centro, el panorama es totalmente distinto: su urbanismo particular, con sus grandes bulevares y sus plazas despejadas rodeadas por edificios art-déco, nos recuerda la antigua ocupación colonial.

Y, por supuesto, a orillas del océano, solemne, se levanta la Mezquita Hassan II, una de las mayores y más bonitas del mundo musulmán. Adéntrate en ella y, en su interior, verás maderas nobles mezcladas con mármol y ónice; en las columnas y los techos, la simetría de los arabescos y los zelliges; por todas partes, volutas y puertas decoradas… Es una auténtica maravilla.

Recorrer la blanca Casablanca es como viajar en el tiempo y en el espacio, como descubrir una ciudad acariciada por mil y una influencias.