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Fez, la imperial

Fez es un auténtico museo al aire libre que ha ido acumulando tesoros con el paso del tiempo. Su medina es la más antigua de Marruecos, y también la de mayor tamaño: allí se reúnen todos los oficios de artesanos: desde los curtidores hasta los tejedores, pasando por los hojalateros y los alfareros. Sus calles son como pasillos decorados con obras de arte arquitectónicas y sus plazas lugares de encuentro donde se expresa un arte de vivir ancestral formado por costumbres firmes y al mismo tiempo delicadas.

Deambula por el entramado de callejuelas de la ciudad imperial, pasa bajo la puerta de Bab Boujloud y admira el sofisticado arte andalusí, como los zelliges de color azul y jade que la adornan y las volutas que entrecortan sus aberturas. A lo lejos, como si de un faro se tratase, avistarás el minarete de la mezquita Karaouiyine. Visítala, ya que allí se abren las puertas del saber, concretamente las de la universidad más antigua del mundo.

Como si el tiempo se hubiese detenido, la ciudad vive a su propio ritmo. Es la oportunidad perfecta para sentarse a la mesa y degustar una de las gastronomías más sabrosas del mundo.

Y luego están los festivales: el Festival de Fez de Músicas Sagradas del Mundo, el de las Artes Culinarias o incluso el Jazz in Riads: a lo largo de todo el año, animan las plazas y las calles de la antigua ciudad imperial.

Así es Fez, una ciudad moderna que, sin embargo, no olvida el pasado, y donde las artes y los tesoros ancestrales siguen con vida.