lugar

Productos de la tierra y artesanía en el norte de Marruecos

Tánger y Tetuán son como dos museos: en sus calles se acumulan los tesoros de la historia y, por todas partes, se erigen monumentos que evocan las glorias del pasado. Sin embargo, nada parece estar petrificado ni anclado en la grandeza de antaño. Ambas son ciudades activas y llenas de vida, donde resuena el bullicio de los zocos y el golpeteo de las herramientas de los artesanos en plena faena.

En Tánger hay dos mercados famosos: el gran zoco y el pequeño zoco. En las animadas calles de la medina, los negociantes se activan. Por un lado, los productos frescos: todos los colores del sol se ven en los puestos, que venden limones, aceitunas o higos. Más allá, un pasamanero te ofrecerá sus productos mientras que un curtidor golpea las pieles y refina sus cueros. Párate un momento y dirígete hacia el pequeño zoco. Siéntate en la terraza de una de sus cafeterías, populares entre los grandes artistas.

En Tetuán, los artistas de la medina trabajan en la elaboración de impresionantes zelliges, obras maestras de esmaltado por las que es famosa la ciudad. Hay otros artistas que prefieren a la madera a la cerámica y que pintan paneles con gran virtuosismo. En las afueras de la ciudad, hay toda una región interior que abastece la gastronomía local: olivos e higueras crecen por centenares, mientras que las mujeres elaboran el famoso jben, un queso blanco envuelto en hojas de palmera, que llevan a la ciudad y que descubrirás en los zocos.

En tierras fértiles, zocos animados y una artesanía auténtica y constantemente reinventada: esos son los encantos de Tánger y de Tetuán.