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Taroudant

¡Otra Marrakech!

 El recinto amurallado que rodea a Taroudant convierte a esta ciudad en una joya, una de las más hermosas de Marruecos. Pasee a la sombra de sus murallas cargadas de historia y cuyas torres se alzan desde hace más de cinco siglos para proteger a la antigua capital de los sultanes saadianos. Durante todo el día, el sol cae a plomo sobre las altas columnas de piedra, envolviendo a la ciudad en una luz en la que el dorado de sus rayos compite con el ocre de las murallas.

A pesar de ser una ciudad histórica, con un rico y largo pasado, Taroudant no es de esas ciudades museo ancladas en su grandioso pasado. En ella, el dinamismo de la vida moderna se conjuga armoniosamente con el legado de la tradición. Sus zocos rebosan de actividad. Adéntrese por sus callejuelas, regatee con los comerciantes, sobre todo en los puestos, y descubra la gran riqueza del lugar y de la artesanía local. Aquí las pieles son especialmente famosas al igual que los adornos de mesa de terracota y la joyería amazigh.

Taroudant también se ha especializado en la producción de aceite de argán. Aventúrese fuera de las murallas, un poco al margen de la ciudad. Allí descubrirá cooperativas y también a particulares que pelan estas nueces y las prensan para extraer su quintaesencia y elaborar aceites íntegramente destinados a su bienestar.

Y como la ciudad posee todo tipo de ventajas, también constituye el punto de partida de numerosas excursiones. Al estar asentada en el centro de dos cadenas del Atlas, goza de una situación favorable muy codiciada por senderistas y aventureros.

Gracias a su naturaleza, cultura, modernidad y tradición, ¡a Taroudant no le faltan atractivos! Piérdase por sus calles, recorra sus alrededores y aderece su estancia con todos los colores de Marruecos.