Existen parques naturales donde la fauna salvaje vive protegida y en libertad; y jardines exquisitos donde se cuida la naturaleza para crear un entorno propicio a la paz y el espíritu.
Migratorios o sedentarios, muchos pájaros se decantan por los parques naturales marroquíes. Venga a descubrir esta naturaleza virgen: flamencos rosas, grullas comunes, garzas y cigüeñas aprecian los meandros del río Lukos, al Sur de Tánger; o frecuentan, como el ibis eremita, el parque nacional de Souss Massa, cerca de Agadir. Por su parte, el águila real y el águila culebrera pueden encontrarse en el parque nacional de Tubkal, al Sur de Marrakech.
Aprenda a apreciar las ricas y potentes fragancias del bosque, donde tal vez atraviese por la pista de un ciervo o puerco espino. Desde el monte Tubkal hay unas vistas de paisaje salvaje con desfiladeros encajonados por los que corren ríos de aguas cristalinas. En el parque nacional de Tazzeka, al Este de Fez, encontrará inmensos bosques repletos de desfiladeros, cuevas y simas. Salvaje o doméstica, la naturaleza está en el corazón de nuestra identidad y nuestra manera de vivir.
Los marroquíes dominan el arte de la jardinería. El jardín andaluz de Rabat, el parque de la Mendubia en Tánger, el jardín Majorelle en Marrakech o el palmeral de Skura, cerca de Ouarzazate... la armonía está por todas partes. Esta vegetación de ensueño es el claro testimonio de la voluntad de los marroquíes por imprimir su huella en el mundo salvaje, pero sobre todo, aportar serenidad y tranquilidad a las almas. El jardín de la Menara, también en Marrakech, se extiende alrededor de una inmensa cuenca que data de los almohades. No deje de descubrir el exquisito refinamiento de los jardines privados, creados para favorecer la reflexión y elevación del espíritu.
Fuentes de evasión y ensueño, los parques y jardines marroquíes ilustran en todo momento nuestra necesidad de esencia y autenticidad. No tarde en disfrutar de esta naturaleza amiga.