Deambular por los recovecos de las callejuelas es un placer para descubrir el ambiente único de las medinas.
Todas las grandes ciudades marroquíes tienen dos caras, la medina o ciudad tradicional y la ciudad moderna. En la medina, en el corazón de cada barrio, se encuentran la mezquita y la madraza. Las viviendas, agrupadas las unas contra las otras, crean multitud de callejuelas laberínticas. Las medinas son los lugares privilegiados del pequeño comercio y de la artesanía, con sus zocos y sus kissariyas que son mercados especializados.
La actividad mercantil es un auténtico espectáculo para la vista y el oído y el trato es muy acogedor. Si se decide a comprar, quedará seducido por el buen humor de los comerciantes porque tienen un especial sentido del tacto... ¡y para el comercio también! Además, todo este ambiente estará perfumado por una mezcla de jazmín, azahar y comino.
Cinco grandes medinas forman parte del patrimonio mundial de la UNESCO por sus riquezas arquitectónicas. La medina de Fez alberga 143 mezquitas así como la Al Karauiyin, famosa por ser la universidad más antigua del mundo. En Marrakech, descubrirá la belleza de los grandiosos monumentos de la medina, cuyo símbolo más vivo en la plaza Jemaa el-Fna .
En Tetuán, la arquitectura y el arte dan una idea de la fuerte influencia andaluza. Essaouira es un ejemplo excepcional de ciudad fortificada de finales del siglo XVIII, su medina de planos rectilíneos es única. Toda la ciudad de Meknes ha sido declarada por la UNESCO, su medina, y por supuesto, su magnífica madraza del siglo XIV, de obligada visita.
Una medina es un camino tortuoso en el tiempo y el espacio, una experiencia única. Sorprendentemente, el urbanismo de estas antiguas ciudades es tan exótico como familiar…