Aproveche su estancia en Marruecos para descubrir la suavidad del masaje con aceite de argán en un hammam. Elasticidad y brillo serán el resultado para su piel.
El argán es un árbol endémico de Marruecos. El hueso de sus frutos encierra una almendra que, una vez triturada por las expertas manos de las mujeres, libera un aceite de color miel. Se utiliza en cocina, por sus sabor a avellana pero también por sus propiedades cosméticas y medicinales. El aceite de argán protege la piel contra el envejecimiento, refuerza el tejido muscular, regula la aportación de las grasas esenciales a la sangre e hidrata la epidermis.
Antes de nada, un consejo de expertos: es mejor aplicarse una capa de aceite de argán en el cuerpo la víspera por la noche. Al llegar al hammam, después de aclimatarse y darse una ducha rápida, un empleado le recubrirá todo el cuerpo con jabón negro, una pasta hecha con aceite de oliva que contiene activos hidratantes y emolientes. Con el kessa (guante exfoliante), le exfoliarán la piel mediante movimientos circulares para retirar la piel muerta. A veces, se añaden pétalos de rosa al aceite de argán. El masaje empezará en los tobillos para subir progresivamente por todo el cuerpo. Después de pasar a una sala de descanso y degustar un té de menta acompañado (o no) de pasteles, se recomienda esperar un poco antes de ducharse, para conservar la piel flexible y sedosa por más tiempo.
Hammam, rosa y aceite de argán; en resumen, esta es la tradición del bienestar y de la buena vida marroquí.