Al mismo tiempo fiestas religiosas y ferias comerciales, los mussems son sobre todo la ocasión para los marroquíes de reunirse y compartir su identidad cultural.
Un mussem es ante todo una fiesta religiosa que reúne a gente que viene a veces de lejos para celebrar y honrar a un santo. Uno de los más famosos es el dedicado a las novias en Imilchil. Aquí, el tiempo espiritual se fusiona con los intercambios comerciales, una verdadera fiesta para todos, locales o visitantes. Más al Sur, hacia Tan-Tan, el mercado de los dromedarios está declarado como Patrimonio inmaterial de la humanidad de la UNESCO. Cerca de Ouarzazate, en El-Kelaa M'Guna, se celebra el mussem de las rosas, la ocasión para el viajero de adquirir cremas, incienso y jabones perfumados de rosa damascena.
Durante un mussem, se suele honrar a un santo, un Sidi, un hombre de fe que haya marcado una época, aunque simplemente se puede celebrar el ritmo de las estaciones o de las cosechas como en el festival de los dátiles en Erfud, a las puertas del desierto; o el mussem de la miel de Immuzer de los Ida Utanán, cerca de Agadir. También hay mussems dedicados exclusivamente a la cultura y las tradiciones, como el festival de las músicas del desierto en Tafilalt, o el famoso festival de los Gnauas de Essaouira. Las músicas y los cantos de estos descendientes de esclavos negros son capaces de poner a todos los asistentes en trance. Marruecos celebra todos sus elementos sobre todo con los mussems judíos, como el de Imirdal, en Ighrem Ujdal.
Participar en un mussem es una experiencia única y cautivadora, con independencia del tema. Los mussems forman parte de las manifestaciones que ofrecen la oportunidad de captar el alma marroquí.