Montaña, desierto, oasis o playa… En Marruecos, la naturaleza está presente en todas partes y las reservas y los parques naturales son numerosos.
En los miles de kilómetros de costa en el Atlántico y el Mediterráneo, la naturaleza es generosa. Descubra, por ejemplo, el parque de la desembocadura de los uadis Souss y Massa, cerca de Agadir, que forman un ecosistema ideal para acoger flamencos rosas, grullas o ibis eremitas... Al Sur de Sidi Ifni, la sublime playa blanca despliega sus 50 km de pura belleza. Todavía más al Sur, la bahía de Dakhla alberga la última colonia de focas monje del mundo. Cerca del Mediterráneo, la magnífica reserva natural del Rif, en la desembocadura de la Mulaya es también un paraíso para los pájaros.
Al acercarse al macizo del Atlas, los paisajes se vuelven verdes y la atmósfera más fresca. Le sorprenderá poder esquiar en invierno mientras que, al mismo tiempo, podría bañarse en Marrakech. Más al Sur, se alza Ouarzazate, la puerta del desierto famosa por sus qaṣabah (casbas) y sus ksour (pueblos fortificados). Al Este de la ciudad se extiende el valle del Dades que se acaba en las gargantas del Dades y las del Todra con sus vertiginosas paredes rocosas, después de atravesar el palmeral de Skura y el valle de las rosas. Al Sur de Ouarzazate, el valle del Draa serpentea hasta M'hamid, última ciudad antes del gran desierto. Los espacios amplios acabarán por seducirle. Para recuperar la calma y la tranquilidad, es el lugar ideal por sus oasis que resurgen como espejismos en un paisaje rocoso y montañas cautivadoras. Su verdosa vegetación choca con el paisaje desértico vecino. Las magníficas dunas de arena anaranjada, como las del erg Chebbi pueden alcanzar los 150 metros de altura. Mágica para pernoctar en una jaima y ser uno solo con la naturaleza.
Marruecos es EL destino para todos los amantes de la fauna y de la flora.