Las especias son indisociables a la cocina marroquí porque le dan ese especial paladar. Desde Fez hasta Marrakech, los zocos son los lugares más apropiados para recorrer olores y colores.
En los zocos marroquíes pululan múltiples olores de especias, un auténtico mundo de sensaciones porque a los placeres del olfato se suman los de la vista. En los mercados especializados, los puestos de especias forman un cuadro de especial colorido: el rojo del pimentón, el beis del comino, el amarillo del cúrcuma, el verde de las semillas de anís... Productos naturales que se presentan en cestas trenzadas o recipientes plásticos, dispuestos cuidadosamente en pequeños montículos. Las especias se venden al peso y se entregan en pequeñas bolsas de papel.
Al ser excelentes conocedores de las especias y sus propiedades, la cocina de los marroquíes destaca por su variedad de aromas gracias a las semillas y sus polvos. Con el paso de los siglos, las especias se han ido integrando a la gastronomía del país perfumando seductoramente muchos platos tradicionales sin quemar la garganta porque las especias no siempre son picantes. Las especias, además de tener efectos benéficos para la salud, facilitan la digestión. Canela, cilantro, azafrán y comino aportan un sabor inimitable a las especialidades locales, al igual que el ras el-hanout, una sutil mezcla de especias indispensable para la elaboración de un cuscús o un tajín. Para comprobar cómo es en realidad este mundo de perfumes y sabores, visite la plaza yâmiʻ al-fanâʼ (Jamaa El-Fna) de Marrakech porque, al caer la noche, se transforma en un restaurante gigantesco... y especiado.
Para abrir el apetito, nada mejor que un paseo por un zoco de especias.
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