El Reino de Marruecos es un crisol de culturas que se han ido diversificando con las sucesivas conquistas. Las comunidades viven en armonía respetando sus diferencias.
De las numerosas migraciones que conoció Marruecos, emanó un espíritu de tolerancia y apertura de mente. En la actualidad, islam, cristianismo y judaísmo se enriquecen espiritual e intelectualmente compartiendo y transmitiendo su cultura.
Los bereberes, primeros habitantes de Marruecos, son uno de los pilares del país y contribuyen a impulsar la modernidad en Marruecos. El 17 de octubre de 2001 se fundó el Instituto Real de la Cultura Bereber y desde entonces, la lengua bereber está reconocida como una de las lenguas oficiales y está presente en los programas escolares, en las emisoras de radio y en los canales de televisión nacionales. La riqueza de la tradición bereber puede apreciarse en el Festival Timitar de Agadir.
Con el paso de los siglos, Marruecos supo favorecer la convivencia de las culturas. El respeto mutuo entre las religiones que se practican dio lugar al nacimiento de una sociedad pacífica que sabe compartir sus tradiciones y valores. La capacidad del islam marroquí para adaptarse a la evolución permanente de la sociedad; así como al progreso científico, social y cultural le confieren perennidad y respeto.
Marruecos siempre impulsó el espíritu del diálogo entre las religiones para construir el progreso y la paz. A título póstumo, Israel le concedió al antiguo soberano Mohammed V el título de «Justo entre las naciones» por haber rechazado aplicar las leyes raciales de Vichy y proteger así la comunidad judía de Marruecos.
Marruecos es un país islámico donde la tolerancia y el respeto hacia las demás comunidades espirituales y culturales han fundado una identidad abierta a la diferencia.
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