Además de la cultura del baño, Agadir también es conocida por su tradición bereber, su dinámico puerto, sus vestigios y sus pintorescos mercados. Un encanto intacto que se puede descubrir todo el año…
Los saadís construyeron la qaṣabah (casbas) sobre un montículo en el siglo XVI y el seísmo la destruyó en 1960. Aun así, todavía se conservan murallas y a la puesta de sol, el lugar ofrece unas espléndidas vistas sobre la bahía, el puerto y la ciudad moderna.
El Museo del patrimonio amazigh, abierto en el año 2000, está dedicado a la cultura bereber de Agadir. Propone un recorrido pedagógico claro y detallado y presenta además una rica colección de joyas de plata compuesta de collares, anillos y fíbulas labradas con delicadeza.
Una corta parada en la entrada del puerto bastará para degustar en un momento pescado a la parrilla o bogavante. Desde las ocho de la mañana y hasta las doce, podrá asistir a la subasta desde un balcón especialmente instalado en la lonja. Si llega temprano, observe cómo los marineros descargan atunes gigantes, meros rollizos o peces martillo.
Antes de visitar las murallas de Taroudant, dese una vuelta por el zoco El-Had, un amplio mercado donde los habitantes de Agadir se abastecen de alimentos. Observe los elementos que componen la gastronomía local, compre algunas frutas frescas y refrescos para ir después a Taroudant, a unos 70 km, en dirección Este. Las murallas se extienden en 7 kilómetros, cercando la ciudad vieja; si las recorre en calesa, se dará cuenta del impresionante tamaño de esta muralla de adobe almenado, que rebosa de torres y bastiones.