Los que sean capaces de renunciar a la playa por un paseo, podrán llevarse grandes sorpresas en los alrededores de Agadir. Entre mar y montaña, situada en medio de una ruta migratoria, Agadir y su región son un remanso de paz para las aves migratorias.
Desde la colina donde se erigía la antigua qaṣabah (casbas) la bahía se extiende en todo su esplendor. Dicen que es una de las más bellas del mundo. A lo lejos, la actividad no cesa en el puerto, donde mercancías y productos alimentarios se encaminan hacia el mercado Souk El-Had o la nueva medina.
Entre el borde del mar y la gran mezquita, haga un hueco para visitar el Valle de los pájaros, un museo ornitológico que alberga las principales aves migratorias que frecuentan la región. Tampoco debería perderse el parque nacional del Souss Massa, una reserva natural situada al Sur de la ciudad que acoge a una multitud de aves migratorias como flamencos rosas, cigüeñas e incluso la colonia más importante del mundo de ibis eremitas.
Hacia Tiznit, al Sur, la ruta de los almendros es una excursión que permite contemplar paisajes sorprendentes como el Anti-Atlas: palmerales, espléndidos bloques de granito rosado que enrojecen con la puesta de sol y los numerosos almendros, cuyos frutos son imprescindibles en la gastronomía marroquí.
Hacia Essaouira, siga la ruta de los arganes, árbol endémico que resiste a la aridez y puede alcanzar los 200 años. Sus nueces proporcionan un aceite precioso, tan bueno para la gastronomía como para los tratamientos cosméticos y dermatológicos.