Casablanca sorprende por muchos motivos. He aquí algunas claves para descubrir esta ciudad de un modo diferente.
Visible desde varios kilómetros de distancia – desde cielo, mar y tierra - la Gran Mezquita de Hassan II se inauguró el 30 de agosto de 1993. Su sala de oraciones tiene capacidad para acoger a 25.000 fieles y su explanada a 80.000. En 3 minutos, la sala se transforma en un patio gracias a un techo corredizo. Su minarete de 200 m la convierte en la construcción religiosa más alta del mundo. La población no musulmana puede acceder a esta joya arquitectónica, siempre y cuando la visita tenga lugar fuera de las horas de oraciones.
Construida por el arquitecto Marius Boyer, se inauguró en 1937 y se erige sobre la actual plaza de Mohammed V. El edificio se organiza en torno a un espléndido triple patio central adornado con un jardín tropical. Dos pinturas monumentales obra de Jacques Majorelle decoran la escalera principal. Una torre de 50 m permite, una vez en la cima, admirar un panorama único de toda la ciudad de Casablanca.
Este santuario se encuentra situado en una pequeña aldea encaramada sobre un peñón rodeado por el océano, en el extremo de la cornisa. Sólo es posible acceder a ella cuando la marea está baja. Unos descubrimientos arqueológicos han demostrado que ya existían asentamientos de población aquí durante la prehistoria.
Casablanca puede jactarse de poseer el único canódromo de toda África. Periódicamente se organizan carreras de galgos de origen irlandés y el momento idóneo para asistir a ellas es por la noche (nocturnas los lunes y los jueves).
De la explanada de la Gran Mezquita de Hassan II a las gradas del canódromo, pasando por el islote del marabuto, Casablanca seduce, divierte y sorprende al visitante.