¿Existe algo más relajante que darse una vuelta por las estaciones balnearias? En el litoral mediterráneo, el mar es suave y con una temperatura ideal para dedicarse en exclusiva a descansar y a no hacer absolutamente nada. De oeste a este, la costa mediterránea marroquí ofrece numerosos destinos para gozar plenamente de sus momentos de relax.
Situada en la intersección entre el océano Atlántico y el mar Mediterráneo, Tánger, puerto internacional y centro de atracción donde habita una población cosmopolita, es una de las puertas de Marruecos a Europa. Hacia el este se encuentra Tetuán. En los alrededores, un buen número de clubes de vacaciones y establecimientos hoteleros le acogerán. El éxito de este complejo turístico es impresionante: la gran afluencia a las playas de los alrededores, y el consiguiente desarrollo de las infraestructuras, no ha alterado en absoluto la belleza de los paisajes, como el de Cabo Negro, o el estilo de vida local, como el que podemos encontrar en M’diq. De este modo, han ido surgiendo nuevas estaciones ultramodernas como la de Tamouda Bay.
Penetrando hacia el interior, pasará por Chefchaouen. Esta pequeña aldea es conocida por el placer que nos brinda vagar por sus callejuelas. Al regresar a la costa, Oued Laou responderá a todas sus expectativas si lo que busca es una estancia sencilla y auténtica. No muy lejos de esta pequeña aldea de pescadores encontraremos playas paradisíacas.
Bordeado por el Rif oriental, Al Hoceima es un destino puramente estival y totalmente volcado en las actividades asociadas con el mar. En la ruta en dirección a Saïdia, pasará por Nador donde podrá descubrir una inmensa laguna con una gran diversidad ecológica. En Saïdia, por fin, llegará a los confines de la costa mediterránea marroquí. La "Perla azul", tal y como la conocemos, es un remanso de paz. También es el emplazamiento elegido para responder a las nuevas expectativas turísticas a través de la construcción de un nuevo complejo.
Gracias a la diversidad de sus destinos, la costa mediterránea presenta la particularidad de permitirle poder elegir el tipo de estancia que mejor le convenga.
¿Deseos de responder a la llamada del océano? De Tánger a Dakhla, las playas se suceden a lo largo de un litoral protegido con una belleza incomparable.
Partiendo de Tánger en dirección sur, su primera parada se efectuará en Asilah. Este pequeño pueblo blanco de pintorescas murallas orientado hacia el océano se transforma cada mes de agosto en una gran galería de arte al aire libre. Algunos kilómetros más lejos aparece Larache, un lugar espectacular de playas interminables. No muy lejos de aquí, llegará al yacimiento arqueológico de Lixus ocupado a partir del siglo XII AC. Una vez en Rabat, descubrirá una ciudad que vive a un ritmo apacible, si bien posee todos los atributos de una capital.
Bordeando la costa, sería impensable no hacer un alto en Casablanca, para al menos saborear fugazmente su suave estilo de vida. Más al sur, El Jadida y sus murallas frente al océano le dan la bienvenida. En ruta hacia Essaouira, pasará por Azemmour, ciudad medieval, y Safi, con sus reputados artesanos de la cerámica. Una vez en Essaouira, apreciará de inmediato el clima, siempre suave, y su nueva estación balnearia bautizada en honor del antiguo nombre de la ciudad, Mogador.
En el camino que lleva a Agadir, disfrute de sus famosas playas, así como de su vida nocturna trepidante. Antes de llegar a Dakhla, habrá pasado por la playa de Tifnit, y su pueblo de pescadores, y por la playa de Aglou. Las dos reciben a aquellos turistas que buscan rincones privilegiados para disfrutar del mar. Mirflet, Sidi Ifni, Tarfaya, bañadas por aguas oceánicas tumultuosas, se suceden antes de llegar a su destino final, Dakhla. Aquí, el mar recupera la calma encerrado en una amplia bahía de aguas color turquesa. Es el paraíso de los pescadores y un lugar muy apreciado por los aficionados al surf-carting.
La fachada atlántica presenta múltiples facetas y podrá responder a todas las expectativas de los que buscan deporte, relajación o actividades más trepidantes.