Con salida desde Ouarzazate, para regresar aquí de nuevo tras haber descubierto un itinerario jalonado de centenas de kasbahs. Estos orgullosos monumentos del arte bereber son únicos en el mundo.
En el Gran Sur, Ouarzazate constituye uno de los puntos de partida preferidos para salir al encuentro de los kasbahs. Estas ciudadelas construidas con adobe (tierra cruda), a la vez sencillas y suntuosamente decoradas con motivos geométricos, son representativas de la cultura bereber. El circuito, que debería realizarse preferentemente en 4X4, le sumergirá de inmediato en pleno corazón de su búsqueda, en el mismo Ouarzazate, con la kasbah Taourirt, auténtica joya declarada Patrimonio Mundial de la Unesco. Tomando dirección sudoeste, llegará a Agdz, con su ciudadela y su fortín. Esta villa se abre sobre el valle del Draâ, oasis magnífico, bordeado por el desierto, que se extiende sobre una estrecha franja de casi 200 kilómetros de largo, hasta la ciudad de M’Hamid. Gozará de la oportunidad de descubrir aquí otras kasbahs, pero también algunos ksour (ksar, en singular), pueblos fortificados rodeados por altas murallas.
Ascendiendo en dirección norte, llegará a N’Kob, con sus 52 kasbahs y su palmeral. Más al este, está Erfoud, capital de los dátiles, con sus calles trazadas en ángulo recto. En dirección oeste (hacia Ouarzazate), se topará con Tinghir, dominada por una imponente kasbah. Tinghir es el punto de partida ideal para visitar las gargantas del Todra, cuyas impresionantes paredes pueden elevarse hasta unos 300 metros de altitud. Siguiendo su camino, se encontrará con Boulmane y su kasbah Tizzarouine, punto donde confluyen las gargantas y el valle del Dades, también llamado "valle de las 1.000 kasbahs".
Un poco más lejos, se encuentra la ciudad fortificada de Kelaât M’Gouna donde el valle toma la denominación de valle de las rosas. Esta localidad es famosa por la fabricación de agua de rosas, un producto de belleza muy de moda, también utilizado como medicamento. A algunos kilómetros, Skoura posee un palmeral dominado por kasbahs, a cada cual más increíble… Por último, al llegar al punto de retorno a Ouarzazate, la kasbah de Ait Ben Haddou, su ksar y sus aldeas contiguas le pondrán un broche de oro a su apasionante periplo.
Una inmersión en el corazón de la arquitectura tradicional e histórica a través de una sucesión de paisajes de contrastes inimaginables.
De Marrakech a Béni Mellal, pasando por Casablanca y Fez, ocho grandes ciudades jalonan este circuito formando un bucle. Necesitará como mínimo ocho días y siete noches para descubrir a fondo estas ciudades históricas.
En Marrakech, algunos lugares son de visita obligada: es el caso de la célebre plaza Jema El Fna, mágica a la puesta de sol, del minarete de la Koutoubia, de la madraza Ben Youssef, de la Menara o incluso del jardín Majorelle… A lo largo de todo el trayecto por el litoral atlántico que une esta ciudad del sur con Casablanca, la variedad del paisaje le impresionará profundamente.
En Casablanca, ciudad profundamente marcada por la arquitectura moderna, podrá disfrutar de un programa variado que incluye desde una simple comida sobre la cornisa a una visita al barrio Art decó y a la mezquita de Hassán II, pasando por una incursión en la antigua medina… Sin perder de vista ni un momento la costa atlántica, en Rabat, la capital, le esperan monumentos emblemáticos como la Torre Hassán, el Mausoleo de Mohammed V, la kasbah de Oudayas y la necrópolis de Chellah.
¡Desde Rabat, rumbo al este! Se dirige a Meknes y seguidamente a la cercana Fez. No puede perderse la visita a la ciudad de Moulay Idriss, fundador de la primera dinastía árabe que reinó en el país, y a su mausoleo. Se detendrá igualmente en el impresionante lugar histórico de Volubilis, que data de la Roma Antigua, inscrito en el Patrimonio mundial de la humanidad de la Unesco. En esta región del Atlas Medio, se encontrará de camino a Ifrane, donde apreciará de manera especial el frescor de las montañas. Fundada en 1929, la coqueta ciudad presenta sus sorprendentes chalés, acomodados en la espesura de un bosque de cedros varias veces centenarios y salpicado de lagos.
En el camino de regreso a Marrakech, casi a medio recorrido, Beni Mellal con su inmenso olivar, situada en el Gran Atlas central, precederá un último y refrescante alto en el camino en las magníficas cascadas de Ouzoud.
Las capitales imperiales son el legado de las diferentes dinastías que han deseado grabar en piedra su gran poder. Mundo de grandeza, de refinamiento y de lujo, son universos míticos que inspiran las leyendas.
Este gran bucle a través del país, sus culturas y sus paisajes es una de las formas más enriquecedoras de descubrir el Reino.
Se necesitarán quince días para cubrir las etapas que le esperan. Su itinerario podría iniciarse en Casablanca, una metrópolis de contrastes marcada por una amalgama arquitectónica armoniosa donde se entremezclan edificios modernos y la antigua medina… Bordeando el océano hacia el norte, se asienta Rabat, donde modernismo y tradiciones también se dan la mano. Ascendiendo hacia la punta norte del país, hacia Tánger, haga un desvío por Larache, sus magníficas playas y sus parrilladas de pescado. A 5 km al noreste, el asentamiento de Lixus exhibe las ruinas de este antiguo centro de comercio romano, con su teatro, sus villas y sus templos. Desde Tetuán, de un blanco deslumbrante, avanzará de nuevo hacia el sur, pasando por Chefchaouen de calles azules y por Fez la imperial. De camino a Meknes, haga un alto en Moulay Idriss para descubrir el mausoleo del fundador de la primera dinastía árabe que reinó en el país, los Idrisidas. No muy lejos, Volubilis es un sitio sorprendente que se remonta a la Roma Antigua.
En Midelt, se encontrará en el umbral del valle del Ziz que le seguirá los pasos hasta Erfoud, con su plan urbanístico en ángulo recto tan característico. Para llegar hasta ahí, deberá atravesar Errachidia a su paso. De Erfoud, el itinerario le llevará a Ouarzazate pasando por el valle del Dades. De camino, cruzará el valle de las rosas, feudo confirmado del reino de las flores con las que se fabrica el agua de rosas, tan apreciada por sus numerosas virtudes. A partir de ahí, hacia el norte, se acercará de nuevo al Atlántico.
Una etapa indispensable es Marrakech, la ciudad ocre imperial que ha dado nombre al país. A continuación, pasará por Taroudant, Tafrouat y Tiznit. Por último, de Agadir a Essaouira, pasando por Safi y El Jadida, disfrutará de todo el tiempo que precise para apreciar estas estaciones balnearias tan cotizadas, antes de regresar tranquilamente a su punto de partida: Casablanca.
El viaje imprescindible para conocer más de cerca la diversidad del país, de sus culturas y de sus paisajes.