A partir de la aldea de Kelaât M’Gouna en la ruta de las kasbahs, entrará en un valle de perfume embriagador para descubrir uno de los múltiples secretos de la tradición marroquí.
En la ruta de las kasbahs, a 24 kilómetros de Boumalne, en pleno valle del Dades, se encuentra un pueblo fortificado conocido por el nombre de Kelaât M’Gouna. Si bien este pueblo es hoy un punto de partida idóneo para rutas de senderismo y excursiones por el Gran Atlas, es sobre todo la capital marroquí de la rosa, flor de múltiples virtudes. Símbolo de hospitalidad, la rosa se regala a los comensales antes y después de comer. Símbolo de pureza, sirve también para realizar abluciones cuando su flor ha sido destilada para obtener el agua de rosas.
Con salida desde Kelaât M’Gouna y ascendiendo por el valle de M’Goun hacia el norte, llegará a este lugar mágico que es el valle de las rosas. Para visitar el valle precisará algunas horas. En efecto, la distancia entre Kelaât M’Gouna y Bou Thrar, que completa la excursión, es de una treintena de kilómetros. En Bou Thrar, descubrirá un magnífico e imponente ksar (pueblo fortificado) que domina el bonito oasis de quietud que se extiende a sus pies. En el mes de mayo, podrá asistir a la fiesta de las rosas, cuyo epicentro se encuentra en Kelaât M’Gouna. El ambiente es festivo con bailes y conciertos en el programa. Sin embargo, podrá visitar las destilerías y adquirir agua de rosas, así como otros productos derivados, en cualquier momento del año. ¡Observe el impresionante procedimiento que de siete toneladas de flores frescas extrae tan sólo un litro de esencia de rosas!
Un viaje evocador al encuentro de una de las tradiciones marroquíes más elegantes.
Este pequeño circuito apícola y montañés se inicia en Imouzzer, en el valle del paraíso. Éste es un lugar protegido, ubicado en la depresión de un oasis rodeado de montañas, al norte de Agadir.
Cada año, a principios del mes de mayo, se celebra la fiesta de la miel en Imouzzer-Ida-Outanane. Es la ocasión para rendir homenaje a uno de los productos estrella de la zona, motivo de orgullo para todos sus habitantes. Esta aldea de casas blancas domina un encantador palmeral rodeado de almendros, olivos y arganes. Imouzzer se encuentra situada en el valle del paraíso, rodeado por la montaña. Es un oasis de cultivos en terrazas y de planicies onduladas cubiertas de árboles frutales. En los alrededores de Imouzzer, descubra las refrescantes piscinas naturales de la garganta de Asif Tamraght o las cascadas del oued Tinkert (donde el agua sólo fluye en invierno).
Ascendiendo hacia el norte, llegará a Argana y, algunos kilómetros después está Izourki Oufella. La miel de esta aldea es particularmente famosa en la región. Su aroma a tomillo y lavanda es único. Mezclada con almendras y aceite de argán, se elabora el amlou, un dulce que suele regalarse tradicionalmente a los recién casados. La miel se recolecta en inmensos colmenares de adobe, la tierra no cocida que se utiliza, entre otras cosas, para construir las kasbahs. El colmenar colectivo comprende centenas de celdas y su propiedad es compartida por los habitantes de la aldea. En Izourki Oufella, sus dimensiones son impresionantes y se eleva en cinco niveles.
Descubra un circuito con sabor dulce y fragante, que comienza en el valle del paraíso y atraviesa paisajes sorprendentes.
Un itinerario que cruza el país al encuentro de las riquezas del patrimonio marroquí.
En la vertiente atlántica, Casablanca es el escaparate de lo mejor de la arquitectura de los años 1920. Podemos encontrar numerosos edificios Art Decó flanqueando el bulevar Mohammed V y en el antiguo barrio europeo de Mers Sultan. No obstante, en un contraste sorprendente, Casablanca ha sabido mantenerse en la vanguardia de la arquitectura moderna con el Twin center, por ejemplo, edificio de varias plantas que alberga oficinas y un centro comercial.
Al borde del Mediterráneo, en pleno corazón de la medida de Tetuán, descubra los edificios de varias plantas del barrio colonial de El Ensanche. En la medina abundan estas casas adornadas con hierro forjado al más puro estilo europeo. Esta misma característica la encontramos también en ciudades del interior como Chefchaouen.
Más al sur, Fez. Aquí, la medina y sus incontables tesoros forman parte del Patrimonio mundial de la humanidad de la Unesco: puertas, fuentes, palacios, mezquitas, albergues para pelegrinos, madrazas (escuelas coránicas)… Mosaicos, estucos, madera trabajada han dejado una profunda marca en la ciudad como si de un museo a cielo abierto se tratara.
Descubra los valles del Gran Sur y las maravillas de la tradición bereber. Ésta se expresa en el plano arquitectónico a través de una multitud de kasbahs, ciudadelas construidas en adobe, de ksour, pueblos fortificados, y de agadirs, graneros colectivos. La mayor concentración la encontramos en el valle del Dades, también conocido por el "valle de las 1.000 kasbahs".
De norte a sur, de este a oeste, la apasionante historia del Reino está grabada en cada piedra.