En una estancia corta destinada a descansar y cuidarse, Marrakech tiene todas las claves de la serenidad.
Después de un paseo en calesa por las murallas de Marrakech, alcance el magnífico jardín del Agdal que data del siglo XII. Sus estanques, rosales, naranjos, granados y olivos le confieren un especial hechizo. Tampoco se olvide de pasearse por el jardín de Majorelle, donde ya reposan las cenizas de Yves Saint-Laurent. Un pequeño paraíso terrestre, sensible y elegante, que alberga un museo de arte islámico en la villa art déco con fachada de color azul intenso.
Mejor que colarse entre la muchedumbre pintoresca de la plaza de Jemaa-el-Fna, disfrute con tranquilidad de una de las terrazas de los cafés aledaños. Vistas desde arriba, las animaciones no pierden su encanto insólito fuera de lo común. Uno no se cansa de ver a los tragafuegos, a los curanderos, músicos y otros saltimbanquis fascinar a la curiosa muchedumbre. Para un momento más especial, puede tomar algo en el célebre palacio próximo a la medina. Si quiere sentir sensaciones aéreas, sobrevuele la ciudad roja en globo aerostático.
El palmeral de Marrakech todo para usted. Con más de 100.000 árboles plantados, este lugar fue durante mucho tiempo el huerto de la región. Podemos pasearnos por él en calesa, parando por aquí y por allá para admirar los espléndidos jardines acondicionados.
Para relajarse y recuperar el tono enseguida, nada mejor que una sesión de masaje tras un baño de vapor en un hammam. Sin complejos podrá degustar después nuestros dulces y helados, ¡lo habrá merecido!
A su ritmo, tranquilamente, recorra los jardines refinados, tome el sol desde una terraza y regálese un hammam regenerante.
Essaouira es a la vez una destacable ciudadela marítima fortificada y una cómoda estación balnearia.
El suave letargo del océano en Essaouira es una invitación al descanso y la relajación. Aquí, pasearse es un arte que se practica lentamente porque las distancias son cortas. En la playa, quedará encantado con un paseo a caballo o a lomos de un dromedario. En las murallas, podemos escudriñar el horizonte como lo hacían sin duda los artilleros que manejaban los pesados cañones, hoy silenciosos. Delante de los talleres de los ebanistas y taraceadores, quedará sorprendido con los diferentes tipos de madera que utilizan estos talentosos artesanos. Essaouira siempre ha inspirado a los artistas, de ahí que sea impresionante el número de galerías de arte repartidas por toda la ciudad, que bien merecen una visita para descubrir el arte contemporáneo que sabe fusionar las múltiples influencias: árabes, bereberes, judías, africanas y europeas.
Essaouira acoge desde siempre a turistas del mundo entero que encuentran la mejor acogida en los numerosos cafés con terraza y los restaurantes elegantes de la ciudad. Algunos de ellos, privilegiados, permiten tomar un trago o cenar dejando flotar su mente por la línea del horizonte. Los cafés de la plaza de Moulay-Hassan tienen mucho ambiente al final del día.
La playa de Essaouira es una larga franja de unos diez kilómetros bañada por el mar, en cuanto pise la arena inmaculada, se sentirá reanimado por el aire marino. Sobre todo después de una apetente parada en una heladería o una revitalizante sesión de talasoterapia, aunque también se puede decantar por unos cuidados estéticos con aceite de argán, que se utiliza por sus propiedades hidratantes que frenan el envejecimiento de la piel, la gran especialidad local.
En Essaouira, venga a probar el ambiente de descanso y reposo.
Tánger siempre ha atraído a artistas de todo el mundo. Colocada como un vigía en la proa del continente africano, Tánger la blanca le está esperando.
Si disponemos de tiempo, Tánger es uno de los destinos más exóticos que existen. Velando el Estrecho de Gibraltar, la ciudad está colgada como un sentinela. Desde una sombreada terraza, el espectáculo de la ciudad baja y de los barcos que cruzan el largo es una maravilla.
Cuando llegamos a Tánger, el cambio de aires es más acusado cuanto más ascendamos por la medina. Llegaremos a la plaza del Zoco Chico, el antiguo corazón de la ciudad vieja, donde se reunían los artistas y escritores famosos. Enseguida nos daremos cuenta de qué ha seducido a Jean Genet, Camille Saint-Saëns, William Burroughs, Paul Morand, Paul Bowles, Tennessee Williams, Jack Kerouac o incluso Malcom Forbes.
¿Será su antiguo estatuto de ciudad internacional o su ambiente cosmopolita que le dan ese particular aspecto a Tánger? Una extraña mezcla de emociones donde nos sentimos en calma. Los sentidos están despiertos, estimulados por los perfumes y los colores de los puestos ambulantes. Al ofrecer un condensado de sus mejores producciones artesanales marroquíes, Tánger es una ciudad donde podemos regalar a nuestros allegados objetos para decorar sus casas. De obligada visita es el palacio Dar El-Makhzen, el interesantísimo museo de la casba y los jardines del sultán.
Tánger la blanca es un destino ideal para relajarse observando los buques que cruzan el Estrecho de Gibraltar desde las terrazas de la medina.