Fez El Bali y Fez El Jedid, Fez la antigua y Fez la Nueva, una data del siglo XI, otra del XIII; cada una con sus tesoros, de los que guardará recuerdos inolvidables.
La ciudad imperial más antigua de Marruecos está protegida por murallas de puertas monumentales, como Bab Ftouh o Bab Boujloud, decoradas con loza azul y verde. Fez El Bali, la medina, está compuesta por casi diez mil callejuelas por las que se dejará guiar por el ruido y la agitación de los suq (zocos). Desde el zoco de la henna, especializado en productos cosméticos, llegará al zoco Jeld, famoso por sus productos de cuero, pasando por el zoco Haïk, donde se juntan los comerciantes de telas y lana de la ciudad. El barrio de los curtidores, existente desde la Edad Media, es una auténtica exposición de grandes cubas coloridas. Cerca de los zocos, a veces lindando con una mezquita, se encuentran las madrazas, que son escuelas coránicas. Hay ocho en la medina, pero la de El Attarine —frente a la mezquita Karaouiyine— está considerada como la joya de la medina. Estas callejuelas también albergan el mausoleo del fundador de Fez, Moulay Idriss; una tumba que atrae a numerosos peregrinos todo el año.
La ciudad vieja cuenta asimismo con numerosos foundouks, 115 en total, que antaño servían para intercambios comerciales. Entre ellos, el foundouk En-Nejjarine, donde se encuentra el museo de artes y oficios de la madera, de obligada visita. Fez El Jedid, la ciudad «nueva», se construyó en el siglo XIII para convertirse en residencia de príncipes. De esta época, se conservan muchos palacios, algunos transformados en hoteles de lujo, como el palacio Jamaï. También en El Jedid se encuentra la mellah, antiguo barrio judío, con la sinagoga Danan y más abajo, el viejo cementerio judío de tumbas blancas.
Los tesoros de la ciudad de Fez están espléndidamente conservados y convierten a la ciudad en centro artístico y cultural fascinante.
Dos actividades que forman parte de la más pura tradición de Fez, para descubrir tanto para el placer de los ojos como del paladar.
Antes de curiosear en los zocos de Fez El Bali, tal vez le apetezca visitar el museo Dar Batha, dedicado a las artes y tradiciones de Fez, allí se puede apreciar la producción artesanal de una ciudad célebre por la destreza de sus diferentes oficios. Entre ellos, los alfareros y ceramistas son los que más destacan. El esmalte estannífero pintado de azul cobalto se ha convertido en el estandarte de los artesanos de la ciudad. Otro museo para visitar es el de artes y oficios de la madera, que está instalado en uno de los más espectaculares monumentos de Fez, el foundouk En-Nejjarine. En las antiguas celdas de esta caravanera se exponen diferentes colecciones de objetos. En el barrio se pueden encontrar fácilmente celosías y mobiliario de madera, mientras que los productos cincelados de latón podrá encontrarlos en la plaza de Es-Seffarine.
Heredera de la cocina arábiga andalusí del siglo XIII, la cocina de Fez tiene la peculiaridad de combinar lo dulce con lo salado y utilizar frutas como si fuesen verduras, todo ello utilizando sabiamente toda clase de especias y condimentos como comino, cilantro, pimienta, pimentón dulce, canela... Unos ingredientes que encontramos en la pastilla, un invento local consistente en una masa de hojaldre rellena de carne picada de pichón mezclada con almendras y azúcar. Probar este exquisito pan cocido recién salido del horno público es una delicia que no se puede perder.
La artesanía y la cocina son el símbolo de un excelente saber vivir para descubrir con placer.