Toda la medina está declarada Patrimonio mundial de la humanidad por la UNESCO, sus zocos y callejuelas no han cambiado desde la Edad Media.
Para conocer una de las mayores medinas de Marruecos, hay que empezar tradicionalmente por la puerta Bab Boujloud. El primer monumento que se visita es la vasta madraza Bou Inania, de madera de cedro y estucos esculpidos, está ornamentada de mármol y ónice. Siguiendo por la calle Talaa Kebira (Gran cuesta), pasará por la zaouïa Tijani (una zaouïa es el santuario de una cofradía religiosa), el zoco de los lutieres y llegará a la mzara (lugar de peregrinación) del antiguo soberano Moulay Idriss. Fue en ese banco donde el Moulay decidió construir la ciudad. Pasará por los vendedores de babuchas y después por la plaza de En-Nejjarine y el zoco de los ebanistas. Además, la magnífica foundouk (caravanera) labrada de esta plaza alberga el museo de artes y oficios de la madera. No muy lejos se encuentra la kissaria (mercado cubierto y cerrado por la noche) donde se venden joyas y telas. Al lado podrá ver el lugar más visitado y venerado de Fez: la zaouïa de Moulay Idriss, fundador de la ciudad.
El paseo continúa por la plaza de Es-Seffarine, la plaza de los latoneros, donde llegará al barrio de los curtidores antes de alcanzar el barrio de los andalusíes con su mezquita y la madraza Es-Sahrij. El recorrido se acaba en el antiguo palacio Dar Batha, de estilo arábigo andalusí, que en la actualidad es un museo que no se puede perder. Dedicado a las artes y tradiciones de Fez, allí se puede apreciar la producción de una ciudad célebre por la destreza de sus artesanos. Este museo también forma parte de los lugares donde se exhiben los artistas en el festival de las Músicas Sagradas del Mundo, que se celebra cada año en junio. Muy cerca, escondido detrás de altos muros blancos, el palacio Moqri alberga tesoros de refinamiento arquitectónico. Para prolongar el sueño, regálese un noche en el palacio Jamaï, antigua residencia de un rico visir transformada en hotel.
En solo un día, apenas podrá ver una pequeña parte de los tesoros de la medina.
La ciudad imperial es la capital de la cultura tradicional de Marruecos. Sus magníficas madrazas son el símbolo más destacado de que se trata de la cuna de la sabiduría.
Una madraza es una escuela donde se enseña el Corán y todas las asignaturas clásicas del conocimiento: matemáticas, gramática, historia, astronomía, medicina... En Marruecos y sobre todo en Fez, la función de la madraza también consiste en acoger a estudiantes de otras regiones. Normalmente, disponen de un patio central con una fuente. Las clases se imparten bajo las ricas arcadas de los lados.
La mezquita Karaouiyine es una de las más impactantes de Marruecos. Allí se encuentra la universidad considerada como la más antigua del mundo, fundada a mediados del siglo IX, época durante la cual las materias esenciales eran la teología, gramática y derecho coránico. Enfrente, está la madraza El-Attarine, considerada como la más hermosa de la medina.
Los merinís construyeron esta obra de arte entre 1323 y 1325 con un patio interior magníficamente decorado. Los muros están cubiertos de suras esculpidas en la madera o el yeso. La fuente y sus columnas de mármol están adornadas con azulejos.
Construida entre 1350 y 1357, es la más grande de Fez. En la entrada, se pueden apreciar unas pesadas puertas con hojas batientes de bronce labrado y se quedará impresionado por la profusión de loza, el refinamiento de los yesos y maderas esculpidas y sus estalactitas cinceladas, denominadas mukarnas, características de la arquitectura meriní. El patio, de ónice y mármol, está cubierto por un tejadillo de tejas verdes típicas de Fez.
Las madrazas de la medina son obras maestras de la arquitectura meriní de Fez.