Con su medina y sus mercados, Meknes es al mismo tiempo atractiva por ser una ciudad histórica así como una ciudad pintoresca que se ha desarrollado a la sombra de sus majestuosos monumentos.
Su medina y los vestigios del palacio real han sido motivo para que Meknes fuese declarada Patrimonio mundial de la UNESCO. Una vuelta por sus murallas le permitirá apreciar toda su belleza. Desde algunos borjs (fortines) también se tiene una vista panorámica. Sigue siendo una ciudad próspera gracias a los cultivos de su rica planicie del Saïs (cereales, olivos y viñedos). En el siglo XVII, el sultán alauí Mulay Ismael decidió convertirla en una de las más hermosas y poderosas ciudades imperiales de Marruecos. El mausoleo donde reposa es un monumento que bien merece una visita.
El corazón de la ciudad late cerca de la magnífica puerta Bab Mansour, de belleza incomparable. La plaza de El-Hedime y su gran mercado acogen desde que se pone el sol a una multitud de comerciantes, saltimbanquis y tragafuegos. Un ambiente popular y medieval inolvidable.
En los zocos, muy pintorescos, se vende todo tipo de artesanía local, telas y muchas alfombras. Muy cerca de aquí, cerca de la Gran Mezquita, se abre ante usted la madraza Bou Inania, una obra maestra hispana morisca que ya no acoge a estudiantes. La mezquita Nejjarine es una de las muchas mezquitas de la «ciudad de los cien alminares». El palacio de El Mansour es una lujosa residencia burguesa de finales del siglo XIX transformada en bazar que también merecer ser visitada.
Al borde del estanque del Agdal, una gigantesca reserva de agua que regaba el harén y los jardines, deténgase a contemplar Dar El-Ma, el palacio del agua. En él se encontraban los aljibes imperiales y servía para almacenar víveres en caso de asentamiento. En aquella época, los gruesos muros de adobe de 7 metros de espesor y un inteligente sistema de canalización mantenían una temperatura fría constante.
Meknes tiene varias caras, pero complementarias; es soberbia por sus imponentes monumentos pero también cercana y familiar por sus mercados y callejuelas. Una ciudad realmente cautivadora.