Chefchaouen, ciudad dominada por dos montañas, tiene la ventaja de poseer un entorno natural de excepción y conservado, una auténtica invitación para hacer senderismo o pasear.
Chefchaouen también tiene la suerte de estar estratégicamente situada para salir de senderismo por los parques vecinos. Sus inmediaciones rebosan de curiosidades naturales, como el Puente de Dios en Achkour, una roca en forma de arco situada sobre un precipicio de 25 metros. Manantiales, bosques de abetos, cedros o pinos endémicos recubren el parque natural nacional de Talassemtane (60.000 ha). El parque de Talembote, las montañas, los bosques y despeñaderos de Ghmara o el inmenso parque natural regional de Bouhachem (105.000 ha) completan este inmenso terreno de juego. Más cerca de la ciudad, el manantial de Ras El Maa, que abastece de agua a la ciudad de Chefchaouen, es un lugar muy agradable para pasear, como la cueva de Toughoubit o las refrescantes cascadas de Chrafate. También se puede cazar o pescar en la región; aguiluchos, águilas reales, linces, nutrias o macacos son parte de las especies de la fauna protegida.
En julio se celebra el festival Alegría, un acontecimiento que permite reunir en una misma fiesta la música local, nacional y también internacional. Las plazas y plazoletas de la ciudad se prestan a la perfección para estos encuentros. Otros festivales y mussems (Sidi Allal el Hadj en agosto) tienen lugar en esta ciudad marcada por el espíritu sufista. Una dimensión mística del Islam que se manifiesta a través de los cantos, la poesía y las danzas.
Los bosques, parques naturales y la cultura sufista ofrecen una imagen poco conocida de Marruecos.