Situada en las montañas del Medio Atlas, Ifrane es un oasis de frescor y vegetación. Con sus lagos y fuentes, el cambio de aires es absoluto, sorprendente y regenerante.
Desde su llegada a Ifrane, sentirá esa sensación de frescor en todo momento. Avenidas anchas, espacios verdes, casas al estilo europeo... aquí descubrirá una cara desconocida de África del Norte. Los manantiales y los lagos abundan en esta región situada en el corazón de un masivo bosque de cedros. Las casas de tejado inclinado evocan extrañamente a Suiza. Una pausa de infinita dulzura. Al Sureste, en la carretera de Azru, una multitud de volcanes extintos forman el paisaje de Ito, un horizonte rocoso que, al caer la noche, recuerda mucho a los cráteres lunares.
El manantial de Vittel y sus cascadas son un motivo perfecto para salir a caminar. Siga por el borde del río unos pocos cientos de metros y descubrirá un bosque de arces y de álamos rodeados por las aguas del manantial. En verano, le propondrán pequeños paseos a caballo para llegar hasta las cascadas.
A pocos kilómetros en la carretera de Meknes, se encontrará con el mausoleo del morabito Sidi Abdesslam, un hombre santo del siglo XVI. Cubierto de azulejos azules, el mausoleo es un importante destino de peregrinación, enclavado en un valle cubierto de cipreses y olivos. Un poco más arriba del pueblo, varias docenas de antiguas viviendas trogloditas se siguen utilizando como caballerizas o almacenes.
Gracias a su inestimable frescura en verano, Ifrane es una ciudad elegante enclavada en medio de una frondosa vegetación. El encanto de una ciudad del agua en pleno Marruecos…