Desde el litoral hasta la Kechla, nos remontamos en el tiempo y la historia para descubrir la preciosa Safi, una de las capitales marroquíes de la cerámica.
El recorrido podría empezar en el castillo del mar o Ksar El Bhar. Los portugueses construyeron un bastión al borde del agua en el siglo XVI que apenas duró cincuenta años. Pasando por las murallas, no adentramos en la medina por la calle del Zoco, que junto a la plaza de la Independencia, son los lugares más animados de la ciudad. Jalonada de tenderetes, allí están presentes todos las corporaciones artesanales. Por la Gran Mezquita, un camino nos lleva a la capilla portuguesa, que fue construida en 1519 en el centro del coro de la antigua catedral. Al final de la calle de los Herreros, nos encontramos con el barrio de los alfareros en la colina de la izquierda. Una tierra de arcilla excepcional que es el origen de la reputación de Safi. Visitar la escuela de la cooperativa nos permitirá conocer las diferentes fases en la fabricación de alfarería. Para saber más, no se olvide de pasar por la Kechla, una maciza fortificación portuguesa con torres almenadas y magníficas vistas sobre la ciudad y el mar. Al franquear la monumental puerta, llegamos a la meshuar (plaza de armas) donde descubriremos el museo nacional de la cerámica. La cerámica fue introducida por un alfarero de Fez en 1875; la de Safi, reconocida a escala internacional, se distingue por sus tonos azules y por los solicitados objetos de diversas formas.
Famosa en Marruecos y en el resto del mundo por la calidad de su alfarería en cerámica, Safi también es una pequeña ciudad cargada de historia al borde la costa atlántica.