Taroudant está marcada por una fuerte identidad cultural bereber que se aprecia en su artesanía y sus recursos naturales como el aceite de argán y el azafrán.
En los zocos, además de la gran variedad de cerámicas, especias o hermosas frutas y legumbres, encontrará magníficas joyas bereberes de plata. Es la especialidad de la ciudad. Este mismo metal adorna preciosos puñales, y se acompaña de nácar en la culata de los fusiles de gala. Taroudant también es conocida por el «mármol», una piedra blanda y calcárea procedente de las montañas vecinas en las que se puede esculpir con punzón múltiples objetos. También se pueden adquirir fácilmente alfombras de muy buena calidad que proceden de las montañas Ouzguita, donde la lana es especialmente suave y sedosa. De estas alfombras destacan los motivos geométricos.
Por todas partes florecen las cooperativas de argán. Visitarlas puede ser cautivador, sobre todo porque el argán solo crece en el Suroeste de Marruecos. En la época árida, podrá admirar el pintoresco cuadro que forman las cabras trepando por los árboles para devorar sus frutos. Un aceite de extremada calidad nutritiva y cosmética se extrae de sus nueces. El verdoso valle del Souss alberga asimismo vastos cultivos de verduras tempranas y cítricos.
Después de haber admirado los colores de las especias, de la indumentaria y de las flores del mercado bereber, quedará fascinado por el color azul añil de la vestimenta de las mujeres que recuerda al de los hombres del desierto que frecuentaron durante mucho tiempo Taroudant en tiempos de las caravanas. También por el color naranja que reina durante el festival del azafrán, un gran momento de la cultura bereber que tiene lugar en noviembre en Taliouine. Esta rarísima especia también se utiliza en la composición de los maquillajes los días de fiesta.
Por su artesanía y tradiciones, una emotiva estancia en Taroudant permite adentrarse en el corazón del auténtico Marruecos donde el contraste es inevitable.