La antigua capital del Souss se parece a su hermana mayor por sus hermosas murallas y sus zocos animados y magníficamente surtidos.
Al igual que Marrakech, Taroudant posee imponentes murallas de adobe, ornamentadas de torres cuadradas. Con un paseo de 7 km en calesa alrededor de la muralla, podrá descubrir las cinco puertas, de las que Bab El-Kasba es la principal y la más majestuosa. El excelente estado de conservación de las murallas almenadas impone respeto. Grandes jardines frutales rodean la ciudad, su medina y los zocos están muy animados; allí, la profusión de artículos decorativos, joyas, alfombras y otras antigüedades es alucinante.
Rodeada de montañas, el Gran Atlas al Norte y Este y el Anti-Atlas al Sur, Taroudant está en medio de un fértil valle. A 30 km en dirección Sureste, posado sobre un pico rocoso se encuentra el pueblo de Tiout, por encima de un palmeral que recuerda al de Marrakech. Las ruinas de la antigua casba, transformada en restaurante turístico, dominan el lugar. Desde la cima del pico hay unas vistas excepcionales sobre el Gran Atlas y el valle del Souss. Como anécdota, decir que Fernandel rodó Ali Babá y los cuarenta ladrones en este palmeral en 1954.
Además de ser especialista en artesanía bereber y objetos de plata, la ciudad de Taroudant es famosa por sus curtidurías, prueba de ello es el zoco de los curtidores. Allí, una cuarentena de artesanos trabajan delante del público pieles de oveja o cabra pero también otros animales exóticos. En la parte rural, los alrededores de Amagour, un hermoso pueblo a 32 km al Sur de Taroudant, están cubiertos de arganes. El aceite de argán, utilizado en cosmética y cocina, está omnipresente en la región, al igual que el preciado y buscado azafrán extraído de las flores de los campos que rodean Taliouline. Un lugar que le sorprenderá.
Orgullosamente construida como sus espléndidas murallas, Taroudant reúne la cualidades de una gran y hermosa ciudad cargada de historia pero bien anclada en el presente.