En Tánger hay dos cabos que permiten disfrutar de magníficos amaneceres y atardeceres, una ocasión perfecta para dar relajantes y románticos paseos.
Es el lugar ideal para admirar la puesta de sol sobre el océano Atlántico, a unos 12 km de Tánger. De camino, podremos detenernos en las grutas de Hércules. Cuenta la leyenda que fue en ese lugar donde el semi-Dios de la mitología griega se retiró a descansar tras haber abierto el estrecho de Gibraltar. En la pleamar, las grutas se llenan de agua. Su entrada recuerda a un mapa de África vuelto del revés. A unos 500 metros de las grutas, se ha restaurado un yacimiento romano. Se trata de la antigua ciudad de Cotta, de la que todavía se pueden ver las ruinas de un templo y unas termas. El cabo Spartel está cubierto por una vegetación de alcornoques, retama y eucaliptos. En él se halla un pintoresco faro construido en 1865.
Situado a 10 km de Tánger, es el lugar ideal para disfrutar de un amanecer sobre el mar Mediterráneo. La carretera que lleva al faro del Cabo Malabata, bordeada por pequeñas calas y playas desiertas, nos reserva impresionantes vistas del estrecho de Gibraltar y de las costas españolas. Al llegar al faro, podremos divisar un magnífico panorama sobre la ciudad y la bahía de Tánger. Un poco más allá, siguiendo la misma carretera, nos detendremos en Ksar Es-Seghir, un pequeño puerto pesquero donde se celebra todos los sábados un animado y pintoresco zoco. Cerca de allí encontramos una bonita playa.
En Tánger, el mar se abraza con el océano y con el sol, formando un trío mágico.
Hoy en día, Tánger sigue teniendo un poderoso encanto… Desde las antaño heréticas callejuelas del Zoco Chico hasta las terrazas más vanguardistas que nunca repletas de cafés.
Desde siempre, la medina de Tánger ha fascinado e inspirado a artistas como Eugène Delacroix, Henri Matisse, Paul Bowles, Tennessee Williams, Jean Genet... son solo algunos de los muchos personajes que sucumbieron al encanto de la plaza del Zoco Chico y de sus cafés, entre los que se halla el famoso Tingis. Todo ello a pesar de su mala reputación debido a los casinos y salas de baile que poblaban antaño sus calles. Al Norte de la medina se encuentra el antiguo palacio de Mendoub, construido en 1929, que actualmente es un edificio destinado a acoger destacados huéspedes extranjeros. Al extremo Sur se encuentra el museo de la antigua Legación Americana, un edificio que alberga numerosas pinturas y una de sus salas está íntegramente dedicada al escritor americano Paul Bowles. Salimos de la medina por la plaza del Zoco Grande, un lugar muy animado al anochecer, que representa la transición hacia la ciudad nueva.
Al Norte de la plaza del Zoco Grande, se encuentra el parque de la Mendoubia, donde podremos dar un agradable paseo. En él además podremos apreciar una higuera gigante y un drago de 800 años de antigüedad. Al tomar la calle de la Liberté, una de las arterias comerciales, llegamos a la plaza de France. Aquí está el centro de la ciudad moderna, con el célebre Grand Café de Paris y el hotel El Minzah, frecuentados por grandes personalidades del arte y la literatura a finales del siglo XIX y principios del XX. Es un lugar que sigue estando de moda. A medida que nos adentramos en la plaza de Faro, con sus cañones, disfrutaremos de unas impresionantes vistas de la medina, el puerto y la bahía de Tánger. En lo alto de los acantilados, el mítico café Hafa se yergue sobre el estrecho de Gibraltar.
La visita a Tánger nos hará volver atrás en el tiempo sin dejar de lado la modernidad.