Resplandeciente como un faro entre Europa y África, Tánger será siempre una ciudad abierta y cosmopolita, centro de mestizaje de todas las civilizaciones.
La ciudad se entreteje a través de la red de callejuelas de su medina, que conducen hasta la casba y el antiguo palacio de los sultanes, transformado actualmente en museo. Desde la plaza de la casba llegamos a una fantástica terraza panorámica. Las inmediaciones de la plaza del Zoco Chico reflejan perfectamente el ambiente de las pinturas orientales de Eugène Delacroix. Cerca de allí, se levanta la Gran Mezquita, convertida antaño en iglesia y finalmente, en 1684, de nuevo en mezquita. En la plaza del Zoco Grande se encuentra el mercado más animado de Tánger, donde podemos ver a las mujeres del Rif, ataviadas con el fouta, un sombrero de borlas multicolores. Encontraremos más puestos ambulantes en el foundouk Chejra, una magnífica caravanera. Con su campanario en forma de minarete, la iglesia de Saint Andrew es testigo de la transición con Occidente.
Empieza en la plaza de France, con el elegante Grand Café de Paris y el Café de France, auténticos puntos de tertulia de los artistas. Al pie de la medina, en el puerto, se halla un hotel construido en 1870 que antaño acogía a las personalidades más selectas de la jet set. Siguiendo la costa, llegamos al barrio de Marshan y al palacio de Mendoub, antigua mansión del millonario Malcolm Forbes, que organizaba fastuosas fiestas frente al océano. Las terrazas del famoso café Hafa, que abrió sus puertas en 1921, ofrecen una fantástica panorámica del estrecho de Gibraltar.
Como todas las ciudades fronterizas, la mestiza Tánger se halla en la confluencia de dos universos.