La ciudad y sus alrededores han sabido mantener intactos las riquezas del pasado: desde el ingenioso sistema de alcantarillado al saber hacer de los maestros artesanos.
De inspiración morisca y andaluza a partes iguales, la medina es un laberinto de callejuelas, al abrigo de sol y rodeada de murallas. El hierro forjado evoca la arquitectura española. El mellah, uno de los barrios judíos más importantes del país, tampoco puede ocultar las huellas de la influencia europea con sus casas de balcones y grandes ventanales. Aquí, los zocos se suceden, bien diferenciados entre sí. El mercado El Fouki vende verduras, el zoco El Houts alfombras y alfarería y el Gherza el Kebira ropa. Creada en 1919, la Escuela de Artes y Oficios, ubicada frente a Bab el Oqla, imparte formación en todo tipo de especialidades artesanales. Mosaicos, bordados, marroquinería, cincelado, esculturas de todo tipo... un maestro artesano se encarga de impartir la enseñanza de cada especialidad.
Desde el djebel Dersa, unos acueductos convergen hacia Tetuán. Abastecen la ciudad con agua de manantial gratuita gracias a un ingenioso sistema de canalización todavía secreto llamado el skundu, concebido por Ali Al Mandari. A 19 km al norte, en la costa, se encuentra el pequeño puerto pesquero de M’diq. Muy animado durante el verano, con sus innumerables restaurantes con vistas al mar desde la medina, el lugar nos revela su encanto tradicional nada más nos adentramos en sus callejuelas. A 45 km al sur, visite las impresionantes gargantas del oued Laou y sus aldeas encaramadas en la cumbre.
Una estancia en Tetuán es un viaje por las tradiciones de ayer y de hoy.