Ciudad hispano-morisca llena de encanto, Tetuán ofrece una mezcla de culturas sin dejar de lado su papel como guardiana y escaparate de las más bellas tradiciones.
La medina de Tetuán, y su entramado único de callejuelas sombreadas, forma parte del Patrimonio mundial de la humanidad de la Unesco. Su importante mellah (barrio judío), bautizado como la pequeña Jerusalén, es el lugar más animado al caer la noche. Aquí, los zocos están bien delimitados y cada gremio ocupa un perímetro preciso. La calle Tarafin, bordeada de joyerías, conduce a la plaza de Hassán II y al Palacio Real, gran ejemplo de la arquitectura hispano-morisca. Al oeste, la parte nueva de la ciudad nos muestra su lado más moderno, El Ensanche. Sus pequeños edificios de cinco plantas como máximo, con comercios en la planta baja, se han construido bajo el protectorado español.
En la medina, se encuentra el Museo Arqueológico, cerca de la puerta de Bab Tout, y el Museo de las Artes Marroquíes, al lado de Bab El Oqla. El primero de ellos exhibe mosaicos de gran belleza y una gran variedad de artefactos de la época romana, tomados prestados del asentamiento de Lixus. El segundo, de contenido etnológico, exhibe trajes tradicionales e instrumentos musicales regionales. Cerca de este museo, la Escuela de Artes y Oficios ofrece formación en todos los oficios artesanales. El Instituto Nacional de Bellas Artes, fundado en 1947 por Mariano Bertuchi, pintor español, tiene la particularidad de disponer, desde el 2000, de un departamento de enseñanza del cómic. Desde el 2004, acoge la celebración del Festival Internacional del Cómic.
Tanto en sus zocos como en sus museos, Tetuán conserva una cultura tan viva como la que más.